Si rebobinamos en el tiempo tres décadas, llegamos a 1991, cuando el gigante americano General Motors lanzó el monstruoso GMC Syclone, una versión muy salvaje de su pick-up GMC S-15 (que a su vez era también el Chevrolet S-10). Equipaba un motor de gasolina 4.3 V6, turboalimentado, con 284 CV de potencia y 475 Nm de par motor máximo.

Además, también contaba con una caja de cambios automática de cuatro relaciones, heredada del Corvette de la época, además de tracción a las cuatro ruedas. Gracias a todo esto, despachaba el 0 a 100 km/h en 4,7 segundos, es decir, más rápido que el coetáneo Ferrari Testarrosa, aunque lógicamente no tenía su dinámica.