El Dodge Viper, un modelo que ya no se fabrica, también tenía versiones específicas para circuito. El Viper ACR-X fue su apuesta más radical.

Disponía de un motor de gasolina 8.4 V10, con 640 CV de potencia, que eran 40 más que la versión matriculable. Del mismo modo, era 73 kilos más ligero que el Dodge Viper SRT10 y la suspensión específica de competición le aseguraba un rendimiento asombroso en el circuito.