En el año 2008, el fabricante austríaco de motocicletas comenzó a producir automóviles de alto rendimiento.

La versión GT4 del X-Bow estaba pensada para disfrutarse, únicamente, en un circuito. La exigua carrocería de fibra de carbono tenía un diseño muy radical. Además, el motor turboalimentado 2.0 TFSI, con cuatro cilindros y de origen Audi, con 360 CV, era más que suficiente para mover un conjunto que rondaba los 1.000 kilos. Solo se fabricaron 60 unidades.