Hasta ahora hemos hablado de motores de combustión convencionales, de pistón, pero también ha habido en la historia del automóvil algunas creaciones mucho más exóticas, como los coches alimentados por turbinas.

Quizá el más famoso sea el Chrysler Turbine, fabricado por Ghia entre 1963 y 1964, del que existieron 55 ejemplares (5 prototipos y 50 para clientes), con turbinas A-831, capaces de quemar todo tipo de combustibles, desde queroseno, gasolina o diésel, hasta perfume, aceite de cacahuete, de soja, o incluso tequila.

Ofrecía poco más de 130 CV de potencia, y la turbina giraba a un máximo de 60.000 rpm. No fue ningún éxito y, de hecho, años después, el fabricante dejó de investigar sobre turbinas.