Dinámicamente, al coche no se le puede poner ningún pero. El acabado GS Line implica una suspensión más firme, aunque no llega a ser especialmente incómoda, incluso en firmes irregulares. A cambio, el coche es fácil de meter en curvas, muestra apoyos seguros, responde con rapidez en cambios de trayectoria y viaja aplomado a velocidades de crucero.

Además, el tren trasero es estable y la dirección resulta bastante directa. Por su parte, la palanca de cambios (manual, de seis velocidades) tiene un tacto algo esponjoso, pero permite inserciones rápidas de marcha. 

En cuanto al motor, rinde acorde a los 100 CV que declara, no es especialmente ruidoso, ni genera molestas vibraciones. Eso sí, al combinarse con desarrollos largos, conviene no dejarlo caer muy por debajo de las 2.000 vueltas para no vernos obligados a reducir de marcha, fuera de la ciudad. De hecho, la sexta velocidad solo está plenamente operativa en autovías y autopistas, a partir de 120 km/h. 

Pero lo mejor de todo es que, en recorridos interurbanos, no resulta difícil fijar el consumo en el entorno de los 4,5 litros. Por cierto, hay un modo Sport, seleccionable mediante un botón, que incrementa ligeramente el vigor mecánico. En materia de prestaciones, firma 188 km/h de velocidad máxima y una aceleración de 0 a 100 en 10,2 segundos.