Presentado a finales de 2008 como la alternativa japonesa a smart, el urbano más práctico de Toyota no consiguió triunfar. Con una configuración interior de 3+1 plazas, llegó a ofertarse con motores de gasolina y de ciclo diésel, con transmisión automática y manual, de cinco o seis velocidades.

No obstante, no era un vehículo asequible, algo difícil de comprender si tenemos en cuenta las previsiones de ventas de la marca, que auguraba, en aquella época, unos 100.000 vehículos al año.

Un año después de su estreno comercial, la demanda del iQ empezó a decaer. Tampoco sirvió de mucho la llegada de una versión eléctrica o la comercialización del Aston Martin Cygnet, que era la versión lujosa del iQ.

Por desgracia, después de siete años en el mercado, el iQ dejó de venderse y tampoco tuvo sucesor.