El habitáculo del Corolla sigue la línea de los últimos productos de la casa. El salpicadero, tapizado en cuero, está presidido por una pantalla multimedia flotante que, a nuestro parecer, podría estar mejor integrada y gozar de unos gráficos más modernos y atractivos.

En cualquier caso, se agradece que funciones tan básicas como las de la climatización tengan mandos dedicados en exclusiva, de forma que no estemos obligados a recurrir a la pantalla para alterar, por ejemplo, la temperatura del habitáculo.

El cuadro de instrumentos combina un display digital central (para velocímetro y la mayoría de datos de conducción) con dos relojes analógicos a los lados, que corresponden al cuentavueltas (izquierda) y a los indicadores de nivel de combustible y temperatura del líquido refrigerante (derecha). En general, el aspecto del interior es bueno y los materiales agradables, aunque no somos muy aficionados a las molduras decorativas en negro piano que tan de moda han puesto multitud de fabricantes.

El selector del cambio ahora es diferente, con un diseño más convencional, aunque mantiene una posición ‘B’ pensada para que el sistema híbrido retenga; es decir, para hacer uso del freno motor a la hora de afrontar una bajada, por ejemplo, ya que la caja de cambios no nos permite elegir en qué marcha o etapa prefijada circulamos (no hay levas ni modo secuencial en el selector del cambio).

En lo que respecta a las plazas traseras, no son especialmente generosas (y la central es estrecha) aunque estando el asiento del conductor ajustado para una persona de unos 1,80 metros de altura, alguien de la misma talla viaja detrás con espacio suficiente para piernas y cabeza.

Por último, el maletero ofrece una capacidad de 361 litros, así que el espacio de carga es algo inferior a la de muchos de sus competidores. En este caso, además, no hay rueda de repuesto, sino un kit reparapinchazos.