La transmisión automática de engranajes planetarios, que funciona de manera similar a un CVT y, como hemos dicho, no nos permite elegir la etapa prefijada (la marcha, vaya) en la que circulamos, sigue sin ser demasiado intuitiva, ya que la velocidad y las revoluciones no suben de manera acompasada, aunque es cierto que en este aspecto sí se nota cierta mejora con respecto a híbridos anteriores de Toyota. En cualquier caso, el coche invita a llevar una conducción tranquila y a tomarse las cosas con calma, aunque a nivel de prestaciones se antoja suficiente, con una aceleración de 0 a 100 km/h en 10,9 segundos.

Si a la suavidad de sus mandos y a su gran calidad de rodadura, sumamos unos asientos que también son muy cómodos, acabaremos conduciendo de forma sosegada y apreciando la tranquilidad que es capaz de ofrecer el Corolla a sus ocupantes. Y así, de paso, podemos buscar unos consumos reducidos que muy pocos otros coches pueden ofrecer en un uso real.