Es una de las formas más baratas de conseguir un coche clásico con 30 años en 2020. El Volkswagen Polo de segunda generación, con código interno 86C, sufrió una profunda revisión en 1990. Estéticamente, muchas cosas cambiaron, como las ópticas principales, de diseño rectangular, o una carrocería más redondeada. El interior también se revisó en profundidad.

Los elementos de seguridad era mínimos, pero el Polo solo pesaba 800 kilos, suficientes para disfrutar con alegría de 75 CV. El Polo G40 con compresor y 115 CV fue la versión más deportiva. El utilitario no se ofrecía con carrocería de cinco puertas, pero sí con una interesante versión denominada 'Coupé'.