Unos años después del R32, concretamente en 1995, el R33 entró en escena. Llevaba el mismo motor que su predecesor y ostentó, de forma oficial, el título del coche de producción más rápido en Nürburgring.

Era más pesado que el Nissan Skyline GT-R R32, pero era capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en tan solo 4,9 segundos.