Después del Clio Williams, llegó un sustituto 'vitaminado', que estrenó las siglas R.S. para los Renault más deportivos. Al igual que su mítico antecesor, también recurría a un motor atmosférico de 2,0 litros, pero alcanzaba 172 CV y 200 Nm. Además, solo pesaba 1.100 kilos y era suficientemente confortable para usarlo a diario.