En materia de prestaciones, el Fase II del deportivo francés firmaba 204 km/h de velocidad máxima y una aceleración de 0 a 100 en tan solo 7,7 segundos. El 'soplido mágico' del propulsor, más un bajo peso (solo 865 kilos en vacío), conseguían estas cifras tan destacadas. 

Además, la caja manual de cinco velocidades, con desarrollos cortos, actuaba de aliado perfecto a la hora de ganar velocidad. Era tal la fuerza que se generaba que el conductor debía sujetar con firmeza la dirección y, de hecho, el coche adquirió una injusta mala fama por ser muy delicado y acabar sufriendo accidentes.