En la primavera de 1985, comenzaron las ventas del Supercinco más especial, un modelo que estuvo a la venta hasta comienzos de 1990 y tuvo una actualización tras el verano de 1987.

Estéticamente, resultaba muy fácil de distinguir, tanto por los paragolpes deportivos, la salida de escape, los faldones laterales, las llantas de 13 pulgadas... En España, la zaga incorporaba el adhesivo Turbo en la luneta y la inscripción Copa en el portón. 

El chasis ofrecía una suspensión endurecida, respecto a la del cómodo Supercinco, y el equipo de frenos estaba conformado por cuatro discos. Comercialmente, era uno de los pequeños deportivos con una relación potencia/precio más ventajosa. Por poco más de 1,2 millones de pesetas, te podías hacer con él.