Los franceses tomaron la decisión de colocar el enorme volante en el centro, entendiéndolo como algo "absolutamente lógico". El público en general no lo vio de la misma manera y muchos se quejaron de la escasa visibilidad desde la posición del conductor.

Para 1939, el fabricante abandonó esta configuración y devolvió el volante a la posición 'habitual'.