El interior del primer Octavia era simple, pero no le faltaba de nada. Bajo el capó, se encontraba un motor de cuatro cilindros en línea, con una cilindrada de 1,1 litros y una potencia de 40 CV, que impulsaba las ruedas traseras a través de una caja de cambios de cuatro velocidades.

Este coche alcanzaba una velocidad máxima de 110 km/h y consumía 7,7 litros cada 100 kilómetros.