Como no podía ser de otra manera, el deportivo alemán recurre a un motor bóxer. En este caso concreto, el bloque es de seis cilindros, cubica 2.849 cm3, está sobrealimentado mediante dos turbocompresores KKK y entrega 450 CV.

Hasta 4.500 vueltas tan solo funcionaba uno de los turbos, mientras que, a partir de esa cifra, entraba el otro en funcionamiento.

En cuanto a las prestaciones, acelera de 0 a 100 km/h en 3,7 segundos y alcanza los 315 km/h. Por cierto, el coche cuenta con el sistema de tracción integral más avanzado en la época, el PSK (Porsche-Steuer Kupplung), con embrague multidisco, controlado electrónicamente, que le permitía distribuir el par motor entre ambos ejes.