La joya de la corona es este automóvil, que alcanzó el récord absoluto de velocidad, al lograr 234,98 km/h.

Lo conducía el inglés Ernest Eldridge, quien lo construyó sobre la base del chasis de un Fiat SB4 y añadió un motor de avión.

Se conserva en muy buenas condiciones en el Centro Histórico Fiat de Turín (Italia) y, aunque es complicado estimar un precio, los hay que dicen que, en una subasta, podría alcanzar los 10 millones de euros.