Con otro paso más en la escalada de cifras, llegamos a este curioso y peculiar vehículo de 1922, obra del ingeniero Marcel Leyat.

A medio camino entre un coche y un avión, el Hélica toma su nombre de la hélice delantera que permite al coche avanzar sin recurrir a ruedas motrices.

De la versión con carrocería cerrada se fabricaron diez unidades y, en la actualiad, solo queda en circulación este ejemplar, que emplea un motor bicilíndrico de 25 CV, con el que firma 110 km/h de velocidad máxima.