En marcha, el propulsor turbodiésel transmite muy buenas sensaciones, tanto por su reducida sonoridad como por su gran rendimiento. Algo que se deja ver ya antes de llegar a las 2.000 rpm, cuando empieza a empujar con ímpetu.

Positivas impresiones que se acompañan con un consumo medio más que razonable, de 5,0 litros cada 100 kilómetros (menos de 6,0 litros, en condiciones reales) y unas prestaciones notables: 204 km/h de velocidad punta y 9,4 segundos en la maniobra de aceleración de 0 a 100.

Mención aparte también merecen la dirección, bastante informativa, y la caja de cambios manual, de seis velocidades, que disfruta de una precisión difícil de encontrar entre sus competidores. 

Con todas estas bondades, el CX-5 se convierte en una opción tan recomendable para viajar y moverse en el día a día, como para no aburrirse en un tramo virado.