Entre la mecánicas que se ofrecen, en el apartado de gasolina, dispone de un bloque tricilíndrico y turboalimentado, que cubica 1,2 litros y rinde 130 CV, así como otro tetracilíndrico, de 1,6 litros de cubicaje, con una potencia de 180 CV.

Entre los motores turbodiésel, ambos de cuatro cilindros, puedes elegir entre cilindradas de 1,5 y 2,0 litros, con un rendimiento de 130 y 180 CV, respectivamente.

Estas mecánicas se pueden acoplar a la caja de cambios manual de seis velocidades, de serie en las versiones de 130 CV, o una transmisión automática con convertidor de par, de ocho velocidades.

 

y para la turbodiésel con ese mismo nivel de potencia, pudiendo optar por la transmisión automática de tipo convertidor de par, con ocho velocidades, de serie para las versiones de 180 CV (y opcional para el diésel de 130).

Desde Citroën nos confirmaron que en los próximos meses, la caja automática llegará a la versión gasolina de 130 CV y que, para ver el lanzamiento del Citroën C5 Aircross con sistema de propulsión híbrido, tendremos que esperar hasta 2020.

Los consumos en este modelo son algo superiores a los del Citroën C3 Aircross. Las unidades con las que más tiempo estuve rodando equipaban motores de gasolina de 130 y 180 CV.

El más potente de los dos homologa un gasto de combustible, en ciclo mixto, de entre 7,1 y 8,0 litros cada 100 kilómetros, por lo que mi cifra obtenida (8,1 litros cada 100 kilómetros) no desentona con la oficial.

El de 130 CV, algo más contenido en gasto, homologa oficialmente un consumo medio de entre 6,4 y 7,3 litros cada 100 kilómetros, ligeramente superado por el odómetro, en el que leí 7,4 litros cada 100 kilómetros.

He de decir que, seleccionando el modo Eco y con un uso más tranquilo, seguramente te puedes colocar dentro de los gastos oficiales, pero deja de ser lo que yo entiendo por un uso normal de un vehículo.

En todo caso, el empuje de las mecánicas es bastante alegre y cabe destacar, como en el C3 Aircross, el buen trabajo de la transmisión automática.