Lo que más me llama la atención y, a su vez, me agrada, es lo cómodo que se circula con este coche, sobre todo por la manera de absorber las irregularidades del terreno, incluso si son de tipo 'off road'. Y eso que este modelo no incorpora la suspensión de Amortiguadores Progresivos Hidráulicos, firmada por Citroën, y que sí montan sus 'hermanos' mayores, los Citroën C4 Cactus y C5 Aircross.

En su lugar, recurre a una estructura de suspensión de tipo pseudo McPherson con resortes helicoidales en el eje delantero, mientras que en la zaga es de rueda tirada con elemento torsional y resortes helicoidales.

Es cómodo tanto en su posición al volante como en las sensaciones y la firmeza en curva, sin apreciar el molesto balanceo de los monovolúmenes que, en su momento, este segmento heredó en mucho casos, pero que prácticamente, por suerte, ha desaparecido.