Debido a dos crisis petrolíferas, los vehículos diésel se hicieron cada vez más populares en la década de 1980.

El motor de gasóleo más potente del Passat estaba turboalimentado y entregaba 70 CV. Como tope de gama, se encontraban los propulsores de gasolina de cinco cilindros, con una potencia máxima de 136 CV.

En 1985, el Passat recibió una actualización estética, visible únicamente en los paragolpes, más voluminosos, y en una parrilla resideñada.