Para muchos, el Honda NSX es el rey de los deportivos japoneses de los años 90. No en vano, consiguió poner contra las cuerdas a los Ferrari y Porsche de la época.

El secreto de este Honda, en cuya puesta a punto colaboró Ayrton Senna, era una relación peso/potencia de tan solo 5,2 Kg/CV que, combinada con un reparto de pesos casi perfecto, le dotaba de un equilibrio excepcional. El principal responsable era un chasis monocasco fabricado en aluminio, que supuso una revolución para la época. Diseñado con la ayuda del ordenador Super Crazy, solo pesaba 208 kilos y era extraordinariamente rígido. 

Para impulsarse, recurría a un propulsor 3.0 V6, en posición central, dotado de distribución variable VTEC, que desarrollaba 270 CV de potencia y aceleraba de 0 a 100 km/h, en poco más de 5,0 segundos.