Este coche, surgido en la década de los 90, se beneficiaba de un motor con arquitectura bóxer e inyección electrónica, de 1,7 litros y 132 CV. Asociado a una caja manual de cinco velocidades, esta mecánica permitía al modelo italiano superar la barrera de los 200 km/h y acelerar de 0 a 100 en tan solo 8,4 segundos.