El Honda NSX es el referente entre los coches japoneses de los años 90. Y es que, este superdeportivo, en cuya puesta a punto colaboró el mismísimo Aryton Senna, fue el primer modelo oriental capaz de ofrecer unas prestaciones similares a las de un Ferrari... con una fiabilidad muy superior a la de los modelos de la marca italiana.

Para ello, este Honda empleaba un chasis de aluminio, de tan solo 208 kilos (para diseñarlo la marca japonesa recurrió al superordenador Crazy), así como un propulsor atmosférico de gasolina, 3.0 V6 VTEC, en posición central, que desarrollaba 270 CV y era capaz de impulsar al Honda NSX, de 0 a 100 km/h en apenas 5,0 segundos.

Tal vez te parezca que 270 CV son pocos, pero con un reparto de pesos casi perfecto y una relación peso potencia de 5,2 CV, el Honda NSX está considerado uno de los superdeportivos más perfectos de la historia… y uno de los más placenteros de conducir.

Aparecido en 1990, sufrió un restyling en 1997, en el que adaptó una mecánica de 3,2 litros y 290 CV y, en 2002, recibió un último restyling en el que perdió los faros emergentes, pero a cambio, estreno una suspensión mucho más efectiva. Finalmente, en 2005, cesó su producción.