Cuando apareció, en 1996, este Renault carecía de techo y parabrisas... de modo que era obligatorio conducirlo con casco. Así fue, hasta que, un año más tarde, la marca francesa incorporó una cristal delante del 'habitáculo'... que imaginamos sería muy útil para evitar impactos directos de insectos. 

Para impulsarse, recurría a al propulsor de gasolina F7R 710, de 2,0 litros y cuatro cilindros, que equipaba el Renault Mégane Coupé de la época, pero situado en posición central-trasera. Sin duda, estamos ante un kart matriculable.