Este singular 'speedster' montaba un propulsor eléctrico de 41 CV, con el que aceleraba de 0 a 60 en 5,5 segundos y alcanzaba 120 km/h. 

Si el conductor necesitaba realizar un adelantamiento rápido, disponía de la función Boost, que se activaba con un botón, con la que el propulsor desarrollaba 7 CV extra durante un corto periodo de tiempo. 

La carrocería estaba fabricada de fibra de vidrio y los asientos tenían un diseño deportivo. Tras aparcar el coche, el usuario podía taparlo con una lona que cubría todo el habitáculo.