Este biplaza híbrido montaba un propulsor de gasolina de 61 CV y otro eléctrico de 31 CV. Con este sistema de propulsión, el coche alcanzaba una velocidad máxima, autolimitada, de 135 km/h. 

Para las jornadas lúdicas, el techo de lona podía recogerse, de forma eléctrica, detrás de los asientos. La estética del vehículo, sobre todo el frontal y los pasos de rueda sobredimensionados, se basaba en algunos todoterrenos.