¿Quién no recuerda a Carlos Sainz lograr sus dos títulos del WRC en 1990 y 1992 con el coupé japonés? La cuarta y la quinta generación de este modelo empleaban estos faros, con los que el coche se convirtió en un modelo muy apreciado en todo el mundo.

En estas dos entregas, sobresalía la variante GT-Four, con tracción total y motor turboalimentado de 2,0 litros, que llegó a alcanzar los 200 CV.