El caso del Porsche Carrera GT es el mejor ejemplo de cómo reconducir (o al menos aprovechar) una situación totalmente catastrófica. 

Pongámonos en antecedentes. En 1991, Porsche desarrolló un motor de F1 para el equipo Footwork Arrows. Un V12, para más señas. Sin embargo, el proyecto fue tan problemático como efímero: problemas de diseño, roturas, malos resultados... y el equipo cambió a un bloque Cosworth de cara a la séptima carrera del año.

¿La buena noticia? Sobre esa base, Porsche empezó a crear un V10 para la temporada siguiente, pero nunca se llegó a emplear en la F1. Sí en Le Mans, a finales de los 90, y en un coche de calle, que llegó en 2004: el Carrera GT. En el biplaza, el 5.7 V10 entregaba 612 CV de potencia. Poca broma...