La última entrega de la Transit más rápida del mundo (al menos, hasta ahora) nació en 1994, temporada en la que Ford motorizaba, por ejemplo, al equipo Benetton, con el que Michael Schumacher se proclamaría campeón del mundo. 

Por eso, no es de extrañar que optara por un propulsor V8 Cosworth, de 3,5 litros de cilindrada y 730 CV de potencia, asociado a una caja de cambios secuencial de seis marchas. Actualmente, vive en un museo y cuenta con un motor V6, más sencillo y económico de mantener.