Aunque no llegó a hacerse con un título mundial, la última etapa de BMW en la F1, entre 2000 y 2009, como Williams BMW y BMW Sauber, fue bastante fructífera.

También fuera de los circuitos, como demuestra el BMW M5 E60 de 2005, que contaba con un propulsor V10, derivado del que empleaba el monoplaza de competición (que pasaba por ser de los más poderosos de la parrilla, por cierto). 

Eso sí, aunque la potencia era algo más moderada, 507 CV, sus prestaciones resultaban sobresalientes: 250 km/h de velocidad máxima y unos 4,5 segundos en el 0 a 100. El M6 de la época también disfrutó de tan excelso propulsor.