En los años 80, lo habitual al desarrollar un motor de competición era partir de una mecánica de calle y modificarla profundamente para incrementar su rendimiento. 

Sin embargo, en el caso del bloque S14 del BMW M3 E30 sucedió lo opuesto: la marca alemana combinó el motor M10, de cuatro cilindros, con una versión adaptada de la culata del propulsor M88, procedente del BMW M1

¿El resultado? Una mecánica de 2.302 cm3 con culata de 16 válvulas que, en su primera versión, desarrollaba 200 CV a 6.750 rpm. Más adelante, alcanzó los 220 CV en el BMW M3 Evolution II.