Un coche que no agradó a los amantes de la marca, pero que se lanzó a un mercado que no paraba de demandar mecánicas de ciclo diésel. El único SLK de gasóleo de la historia optaba por el conocido motor 2.2 biturbo, con 204 CV de potencia.

Con 243 km/h de velocidad punta, 6,7 segundos en el 0 a 100 y 4,9 litros cada 100 kilómetros de consumo medio, durante su vida, cambió de denominación, a 250 d, al tiempo que la transmisión automática evolucionó de 7G-TRONIC a 9G-TRONIC. 

Para disfrutarlo, la inversión estará cercana a los 30.000 euros.