Aunque Saab haya caído en el olvido durante los últimos años, fue una auténtica especialista en materia de turboalimentación.

El Saab 900 Turbo, aparecido en 1978, es un buen ejemplo de ello. De hecho, la prensa especializada calificó a su motor turboalimentado de 2,0 litros y 145 CV como una obra de arte.

Y no porque ofreciera unas prestaciones muy superiores a las de sus competidores, sino porque su respuesta, sin apenas retraso del turbocompresor Garret, le permitía ofrecer una contundencia a bajo régimen inexistente en los motores de este tipo de la época.