Desarrollado por BMW Motorsport, el 2002 Turbo, fue el primer vehículo europeo fabricado en serie dotado de un turbocompresor. 

En concreto, estaba impulsado por el motor M10, con 2,0 litros de cilindrada, asociado a un turbocompresor KKK, que le permitía desarrollar la friolera de 170 CV a 5.800 rpm, para desplazar los 1.090 kilos del conjunto.

Combinado con una caja de cambios manual, de cuatro velocidades, este BMW ofrecía unas prestaciones descomunales para la época: alcanzaba los 209 km/h y aceleraba de 0 a 100 km/h en 7,3 segundos.

Sin duda, un coche tan brillante como complicado de conducir, ya que la propulsión trasera y los neumáticos, con tan solo 185 milímetros de sección, hacían que tuviera dificultades para transmitir toda la potencia al suelo.