Considerado por muchos como el último 'muscle car' del período clásico, el Chevelle ofrecía 450 CV, gracias al motor V8 de la versión LS6. 

Su única misión era vencer, a todo y todos, acelerando en línea recta, para lo que permitía escoger entre una caja de cambios manual, de cuatro marchas, o una automática, de tres.