Junto al ST 170, el primer Focus RS llegó como máximo representante deportivo de la gama. Para ello, además de una estética específica, contaba con un rabioso motor turboalimentado, con 2,0 litros, que 'regalaba' 215 CV al conductor. 

La leyenda de este deportivo se forjó, en parte, gracias al funcionamiento extremo y radical de su diferencial autoblocante.