En 1980 comienza la historia del Audi Quattro (en la imagen), que contó con dos motores distintos: 2.1, de 203 CV, y 2.2, de 223.

En 1984, de cara a homologar el coche de competición con el que pretendía competir en la etapa final del Grupo B, Audi desarrolló 200 unidades del Sport Quattro, cuya potencia ascendió a los 306 CV.