Desde que Internet entró en nuestras vidas, el mundo de la delincuencia no ha vuelto a ser igual. Por eso, los malandrines que optan por llevar a cabo sus fechorías sin mancharse las manos, a través de la redes, ya pueden hackear tranquilamente desde las plazas traseras de un Rolls-Royce Phanton, gracias a su punto de acceso wifi. 

¿Pero por qué un Rolls-Royce y no un piso o una fábrica abandonada? Tal vez, porque se trate de un ladrón con clase... o porque la policía no sospeche de un ricachón a bordo de un coche como este, con el que se mueve desde su yate a un hotel de lujo.