Este hiperdeportivo fue, oficialmente, el coche más rápido del mundo en 2007, destronando al Bugatti Veyron, con una velocidad máxima de 412 km/h. El modelo estadounidense utilizaba un motor V8, de 6,4 litros, que enviaba 1.199 CV a las ruedas traseras. Si crees que eso suena aterrador, ten en cuenta que el coche no tenía ni ABS ni control de tracción.