En el caso de AMG, su relación con Mercedes-Benz ha pasado por casi todos los estados. Nació en 1967, como un preparador independiente. Más tarde, en 1999, la mayor parte del accionariado pasó a manos de Daimler, para, en 2005, acabar siendo absorbida por el gigante alemán. 

Sin embargo, la independencia como marca no llegó hasta finales de 2014, coincidiendo con la presentación del Mercedes-AMG GT.

Desde entonces, cuenta con su propio espacio en las concesiones y ha monopolizado la creación de los deportivos de la firma de la estrella. Un estatus parecido al que tiene Mercedes-Maybach, con las versiones más lujosas del Clase S.