Comparado con la elegancia del NSX, la belleza del RX-7, la fuerza bruta del Supra o la leyenda del Skyline, puede que el GTO fuera el 'patito feo' de la época. Sin embargo, su arsenal tecnológico resultaba impresionante, empezando por el motor 3.0 V6, biturbo, que entregaba 280 CV de potencia. 

Pero el deportivo de Mitsubishi no presumía solo de poderío, ya que también ofrecía tracción total, suspensión adaptativa, dirección a las cuatro ruedas, aerodinámica activa y un sistema de escape deportivo, capaz de emitir diferentes melodías (como los Porsche de hoy en día, por ejemplo).