Aunque la submarca bajo la que se vendió en Japón no fuera demasiado conocida para los jóvenes 'players' europeos, el RX-7, uno de los deportivos más reconocibles de Mazda en todo el mundo, también era un coche soñado por los jugadores. Sobre todo, a medida que ganaban carreras, contaban con mayor presupuesto e iban alcanzando competiciones de mayor nivel.  

Es cierto, el motor rotativo exige cuidado y un mantenimiento algo costoso (obviamente, no en el juego), pero su rendimiento y prestaciones hacen que valga la pena tener uno en el garaje. Y, aunque sea un modelo codiciado por los coleccionistas. sus cotizaciones son relativamente asequibles.