Si Hollywood no se hubiera cruzado en su camino, con una trilogía de películas ya de culto, es posible que el DeLorean DMC-12, ese modelo con la carrocería de acero inoxidable sin pintar, hubiera pasado desapercibido. Sobre todo, porque su motor V6 ofrecía una cifra de potencia bastante modesta.

Sin embargo, su aerodinámico diseño, sus puertas con apertura tipo alas de gaviota y su estilo ochentero, hacen que sea uno de nuestros coches favoritos de todos los tiempos.