Tras la adquisición de Maserati por parte de Citroën, en 1968, la empresa comenzó rápidamente a trabajar en el desarrollo de un automóvil deportivo, con dos asientos, llamado a competir con Lamborghini y DeTomaso.

Naturalmente, se recurrió a Italdesign para que esculpiera la carrocería, y tres años después, nació el icónico Bora. En concordancia con lo que ofrecían sus rivales de la época, el biplaza entregaba 320 CV de potencia, y ayudó a potenciar la buena reputación de la firma de diseño, a la hora de desarrollar coches deportivos.