Puede que la idea de que el Nissan GT-R represente a Japón pueda despertar alguna que otra crítica. Sobre todo, pensando en los defensores del Honda NSX.

No existe una regla como tal que obligue a que el representante de un país deba estar fabricado dentro de sus fronteras (de ser así, el Ford GT, que se ensambla en Canadá, no podría representar a Estados Unidos). Sin embargo, el hecho de que la producción del NSX se lleve a cabo en territorio estadounidense, unido a que el GT-R cuente con ADN 100% japonés y un linaje considerable tras de sí, hacen que sea la opción idónea para representar a su país en las Olimpiadas sobre ruedas.