Este minúsculo túnel, de apenas 1,2 kilómetros de longitud, se construyó en 1972, cuando un grupo de 13 ciudadanos decidió excavar un acceso, para tratar de conectar su pueblo, Guoliang, con el resto de China. Curiosamente, además de lograr su cometido, se ha convertido en uno de los lugares más turísticos del país. 

Según los habitantes de la zona, para conducir por esta carretera, conformada por acantilados y túneles, es necesario tener la paciencia de un monje, ya que un accidente podría colapsar la circulación de toda la región.