En su día, ya hablamos de la última obra de Apollo como una creación alejada de los cánones actuales, repletos de ayudas electrónicas a la conducción y sistemas multimedia. Y lo seguimos pensando. 

Fiel a ese espíritu, opta por un propulsor V12 atmosférico, de 6,3 litros, que produce 780 CV y 759 Nm de par máximo. Cifras que le permiten acelerar de 0 a 100 km/h en 2,7 segundos y alcanzar los 333 km/h de velocidad máxima.

Otras de sus características destacas son la elaborada aerodinámica, una caja de cambios secuencial Hewland, con seis velocidades, o un esquema de suspensión de tipo push-rod, inspirada en la competición.

Asimismo, gracias al empleo masivo de la fibra de carbono en el chasis y la carrocería, el peso en vacío se queda en los 1.250 kilos, con un reparto casi perfecto: 45%, para el eje delantero y 55%, para el trasero.

En principio, solo se fabricarán diez ejemplares, con un precio de 2,25 millones de euros cada uno.