Para muchos, el Honda NSX es el rey de los deportivos japoneses de la época. En parte, porque Ayrton Senna colaboró en su puesta a punto y, por otro lado, por su espectacular rendimiento. 

De hecho, el objetivo de los ingenieros de Honda fue conseguir una relación peso/potencia lo más favorable posible… que permitiera superar las prestaciones de los Ferrari 348 y Porsche 911.

¿El resultado? Un superdeportivo con chasis de aluminio (los brazos de las suspensiones también eran de este material) que, además de conseguir un reparto de pesos casi perfecto, mantenía la relación peso/potencia por debajo de los 5,2 kg/CV.

Pero en aquel entonces, trabajar el aluminio era un suplicio para los fabricantes de automóviles, por ser menos rígido que el tradicional acero. Así que, para diseñar las piezas y la cantidad de material necesaria en cada punto del automóvil, Honda recurrió al superordenador Crazy. ¿El resultado? Un chasis de tan solo 208 kilos de peso, que se situó entre los más rígidos de su época.

En lo que al motor respecta, es el único modelo de la lista que incorpora una mecánica atmosférica, aunque, gracias al sistema de distribución variable VTEC, compensaba, en parte, la falta de un turbocompresor.

Se trataba de un propulsor 3.0 V6, en posición central, que desarrollaba 270 CV de potencia y era capaz de impulsar al Honda NSX, de 0 a 100 km/h, en poco más de 5,0 segundos.